Martino, es del Juárez de siempre

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El Restaurante no es mío, es de mis clientes…

Por: Pablo Queipo V.

En 1952 abrió sus puertas en la transitada arteria Benito Juárez, en el centro y de inmediato se convirtió en el restaurante predilecto de la alta sociedad juarense y en el punto de encuentro preferido de los residentes de El Paso cuando pasaban el puente ya fuera a trabajar o a realizar distintas diligencias. 

Su historia es vasta, rica y de entre sus muros se guardan millones de pláticas, risas, declaraciones de amor, festejos y odas a la exquisita comida que ahí se sirve. Si pudieran hablar…

¿Anécdotas? Cientos, quizás la más reconocida es la de cuando la bella Marilyn Monroe acudió a Ciudad Juárez para agilizar su trámite de divorcio y posteriormente llegó ahí a saciar su sed y hambre. Quienes la vieron dijeron que salió satisfecha y feliz.

Antes de entrar, sin embargo, mire hacia adentro a través de la gran ventana de vidrio. Notará algo muy importante, el decorado es pulcro y semi elegante, la herrería es de bronce. Las mesas son delicadamente vestidas con mantelería de mesa roja y blanca y enormes espejos.

Entrar en Martino es un placer. Usted abre la puerta de vidrio y un camarero vestido con una filipina roja lo estará esperando. Se alegra de verle. Él y sus colegas organizan su mesa en silencio, aseguran que se sienta cómodo, casi de manera mágica al sentarse aparecerá antes usted un plato de totopos con frijoles, queso derretido y una pequeña rebanada de jalapeño, parecería que no pero en Martino esto es tradicional. 

Pronto se dará cuenta de que, sin importar cuán buena sea la comida, el verdadero placer de Martino es cómo los camareros lo tratan con respeto y amabilidad. Nunca están encima de uno o junto a la mesa, pero aparecen milagrosamente cuando son necesarios, cuando ingrese, déjese consentir.

Sus bebidas, preparadas en la misma mesa del comensal, son legendarias, como el martini directo (derecho) con Tangueray o Beefeater.

También sus margaritas son de época, hay que mencionar que toda el agua (incluyendo los hielos), es embotellada, así que la higiene no es un problema en Martino’s.

Pero lo que sí es obligatorio pedir ahí es la sangría, es quizás de las mejores en toda la república mexicana; es de receta secreta, su capitán Daniel Rodríguez poco a poco nos va indicando los ingredientes que lleva ésta, pero, en cierto punto de la plática para en seco y sólo nos dice “viene el secreto, perdón, pero no lo puedo divulgar…”  Acto seguido lo agita vigorosamente y de inmediato lo sirve… Una delicia.

El menú en Martino es enorme, para todos los gustos. Si desea algo antes de comer o cenar, los cócteles de camarones y pulpos son buenos, los caracoles son deliciosos. Cuando elija un plato principal, le sugiero los filetes y los mariscos. 

El chateaubriand cocinado a la parrilla o el estilo francés frito en mantequilla es suculento y servido con una porción que a cualquier comensal deja satisfecho, la carne es muy tierna y deliciosa. Sin temor a equivocaciones compite con cualquier corte servido en El Paso.  

Los pescados son servidos y presentados en diferentes filetes y cocinados de varias maneras. También tienen platos de langosta y camarones. La sopa favorita es la cebolla francesa, todo un deleite.

Sus postres son los tradicionales, helados, flanes, y el café es recién hecho.

A través de las décadas Martino es y será un referente de Ciudad Juárez, y lo mejor de todo es que ahí está, listo para recibirlo y tratarlo como usted se merece, como es tradición, a la manera del cálido juarense.


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