La Zona del Silencio, tan enigmática como atractiva turísticamente

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Por: Pablo Queipo V.

En la extensa región del norte de México en donde se unen los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila, encontramos una misteriosa área que ha sido denominada como la Zona del Silencio, un paraje que esconde sigilosamente enigmáticos y extraños sucesos que atraen a visitantes curiosos año con año.

Esta peculiar zona abarca 103,000 hectáreas en el Bolsón de Mapimí, un área tipo cuenca ubicada exactamente en el paralelo 27, al igual que el triángulo de las Bermudas y las pirámides de Egipto. Tal vez eso explique el porqué de los extraños hechos que la rodean.

Es un lugar misterioso que parece haber sido sacado de alguna historieta de ciencia ficción, ¿Te imaginas un desierto en donde fueron encontrados extraños hallazgos de fósiles marinos? De acuerdo a las investigaciones realizadas se pudo concretar que estas tierras formaban parte de un hermoso mar de aguas cristalinas llamado Thetis, de ahí que hasta hace algunos años era muy común encontrar conchas y otros restos prehistóricos que dan fe de su transformación ambiental. Desafortunadamente estos fósiles ya no son fáciles de encontrar debido al saqueo del cual el desierto ha sido víctima.

Existen varias teorías en cuanto al descubrimiento de la Zona del Silencio, algunos cuentan que fue un grupo de aventureros que cruzaban el desierto quienes se percataron que sus brújulas perdían el control, al saberse perdidos en el desolado paisaje, trataron de buscar ayuda por medio de sus radios, sin embargo estos habían perdido toda capacidad de enviar señales. Extraviados, incomunicados y con una inmensa sensación de soledad presenciaron sin saberlo, lo que tiempo después conoceríamos como un gran polo magnético.

Otra de las teorías menciona que fue en la década de los setentas cuando el cohete “Athena” de la NASA, cayó sin explicación en su intento por alcanzar el espacio. Un grupo de investigadores se trasladaron a México con el fin de localizar sus restos, sin embargo, tardaron semanas para que pudieran encontrarlos y cuando así lo hicieron, ninguno de  los lugareños tuvo la oportunidad de verlos. Lo único que quedo de recuerdo fue la declaración del constructor de cohetes Von Braun, quien dijo que si él fuera extraterrestre y tuviera que aterrizar su OVNI en la tierra, lo haría en la Zona del Silencio porque ahí nadie podría localizarlo.

A partir de entonces, se despertó una euforia desenfrenada de aquellos que buscan un encuentro del tercer tipo, algunos cuentan que se observan objetos luminosos y bolas de fuego que cruzan el más obscuro de los cielos. Y aunque tal vez seres inteligentes de otros planetas no desciendan sobra la Zona del silencio, si es lugar de aterrizaje para otros visitantes del espacio exterior: los Meteoritos, los cuales bombardean la superficie desértica todos los años. Su composición magnética ha impregnado de energía al suelo del lugar, otorgándole características extrañamente únicas.

Aunque no solamente los humanos y meteoritos son los que peregrinan hasta este lugar, también los animales como caballos y ganado se trasladan por kilómetros cuando se sienten próximos a su muerte, los lugareños lo saben y los dejan partir a su destino final. Así, terminan sus días en un cementerio gigantesco a los pies de una montaña, es como si la Zona del Silencio los llamara para darles descanso, como si su terreno fuera el ideal para dar el último aliento de vida.

La UNESCO le dio el reconocimiento como la “Reserva de la Biosfera de Mapimí” ya que es el hogar de especies endémicas y únicas en el mundo contando con 350 variedades de plantas sobresaliendo: el matorral, mogotes, pastizales, cactus, nopal rojo y violeta; más de 270 especies de animales como el halcón pálido, la lechuza de madriguera, el venado, el puma y el lince resaltando la tortuga de bolsón o tortuga del desierto, que de acuerdo a sus características, es única en su especie.

Si visitas la Zona del Silencio, bien puedes disfrutar de una excitante noche observando las estrellas, las constelaciones y los cometas que iluminan con sus colores la inmensa obscuridad, puedes ir a cargarte de energía o a jugar con tu brújula, sólo ten cuidado con los meteoritos y ¡los encuentros con extraterrestres!

Existe la leyenda que del otro lado del mundo en alguna parte de Nepal o en el Tíbet, se encuentra una zona similar donde curiosamente ocurren eventos de la misma naturaleza. ¡Tal vez podríamos tele transportarnos a estos lugares conectados por la energía!

Tal vez lo anterior no suceda, pero si decides dar un recorrido por estas mágicas tierras y acampar una noche estrellada, con los sonidos del viento y el canto de alguna lechuza. Suena una experiencia excitante para ti y tus acompañantes.

Para llegar a la Zona del Silencio debes de dirigirte al km 155 de la carretera que va de Jiménez, Chihuahua a Durango, es importante hacer hincapié en que no es un lugar fácil de recorrer por cuenta propia por lo que es recomendable contactar un guía local para que nos dé un recorrido especializado.

Algunas historias acerca de su enigmática geografía

Una de estas historias es el incidente de Ernesto y Josefina Díaz. El 13 de octubre de 1975 la pareja se montó en su pickup con destino la Zona de Silencio para recoger muestras de rocas y fósiles. Fueron sorprendidos por una tormenta que anegó el terreno, en el que se les quedó atascado el coche. Cuando estaban intentando liberarlo, dos seres muy altos y con chubasqueros amarillos se les acercaron. Les pidieron que se montasen en el coche mientras que ellos empujaban y consiguieron sacarlo con facilidad. Al mirar atrás, los seres ya no estaban.

Otras historias hablan de extrañas luces en el cielo, arbustos ardiendo y lluvia de fuego. ¿Quizás sea porque como lo mencionamos líneas arriba, esta zona se encuentra en el mismo paralelo que el triángulo de las Bermudas, las pirámides de Giza, o las ciudades sagradas del Tíbet?

A los 13 años, Benjamín Palacios Perches y su hermano Raymundo, de 15, regresaban del poblado de Escalón a la Estación Carillo, en Chihuahua, cuando de pronto una luz incandescente, en aquella noche estrellada, interrumpió su camino.

“Eran las tres de la mañana cuando de pronto se mató el motor y una luz intensa cubrió todo el vehículo. Parecía un instante. La luz se movió hacia enfrente del vehículo, se vio vertiginosamente alejarse rápido y quedo una raya en el horizonte. Pensamos que fue una experiencia rápida, pero en realidad habían pasado dos horas”, cuenta.

¿Inexplicable? ¿Misteriosa? O sólo un enigma que no hemos podido descubrir.

Créditos: Taringa.net, elviajerofisgon.mx, visitmexico.com

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