Abdel Latif Sharif: “El Chacal de Juárez”

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“El Chacal de Juárez” está íntimamente ligado al caso de las “Muertas de Juárez”, los crímenes que han sacudido desde 1993 al norte del país.

A partir de 1993, con el hallazgo del cuerpo de la adolescente Alma Chavira, de 16 años, el territorio fronterizo de Ciudad Juárez en el estado de Chihuahua, México comenzó a ser conocido por una alarmante cifra de feminicidios que puso en jaque a la sociedad, el aparato de justicia nacional y la opinión pública. Las mujeres eran halladas en parajes desérticos con signos de violación, tortura, estrangulamiento y, en algunos casos, de mutilación. 

Las edades aproximadas de las víctimas eran de los 15 hasta los 25 años, obreras de maquila en la mayoría de los casos, morenas y delgadas. Lugares como Lote Bravo, Zacate Blanco y Granjas Santa Elena fueron algunos de los muchos territorios en los que los cuerpos eran encontrados.

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Ciudad Juárez , Chihuahua (México)

Los casos comenzaron a conocerse como “las muertas de Juárez”. Se escribieron decenas de libros, cientos de artículos y reportajes, y demás información ha circulado acerca de una serie de crímenes que pusieron a México bajo el escrutinio internacional debido a su incapacidad para hallar al o los culpables o incluso por encubrir a los responsables. 

Dentro de las múltiples teorías sobre quién o quiénes estaban asesinando a las mujeres (narcotráfico, asesinatos de la ultraderecha, crímenes rituales perpetrados por sectas, violencia doméstica…) salió a la luz pública la de Abdel Latif Sharif Sharif, un hombre nacido en Egipto que había llegado a México para desempeñarse como químico en una compañía trasnacional.

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Abdel Latif Sharif

¿Quién fue Abdel Latif Sharif?

Este hombre, nacido en Egipto el 19 de septiembre de 1947, químico de profesión y con un historial de agresiones sexuales a sus espaldas, llegó a México en 1994 para trabajar en la empresa Benchmark Research and Technology. Antes de ello vivió en distintas partes de los Estados Unidos desde 1970 donde se desempeñó como un brillante químico en diversas empresas trasnacionales (en su haber se cuentan más de 20 patentes). Sin embargo sus problemas jurídicos le llevaron a salir de los Estados Unidos y buscar una nueva vida en México.  

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Desesperada ante la presión mediática por los asesinatos y desapariciones que iban en alarmante ascenso, la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua (PGJCH) vio en este hombre el chivo expiatorio que necesitaba para presentar a un sospechoso, el asesino serial que supuestamente operaba en Juárez. El pasado de Sharif se ajustaba a lo que tristemente ocurría en la ciudad fronteriza, por lo cual fue detenido en 1995 aprovechando que una joven prostituta presentó cargos en su contra por supuesto secuestro y abuso sexual. A esa acusación se le sumarían las sospechas de haber asesinado a cerca de 20 mujeres. 

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El proceso contra este sujeto, que no hablaba español y que no tenía familiar alguno en México que pudiera apoyarlo, estuvo lleno de irregularidades. Al final fue sentenciado a 30 años de cárcel, pese a que los crímenes que se le achacaban nunca pudieron ser realmente esclarecidos. Aun detenido, los crímenes contra mujeres en Juárez seguían sucediendo. La PGJCH acusó a Abdel Latif Sharif Sharif de pagar a la banda de Los Rebeldes para que cometiera los asesinatos con el fin de que fuera liberado (se habla de que supuestamente pagaba dos mil dólares por cada mujer muerta). 

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El periodista mexicano Víctor Ronquillo, en su libro Las muertas de Juárez, señala al respecto: “Hoy todo parece claro para las actuales autoridades encargadas de impartir justicia en el estado de Chihuahua. Abdel Latif Sharif (El Egipcio) es señalado como el iniciador de una larga cadena de crímenes. Sentenciado por un homicidio, se le acusa de haber pagado primero a la banda de Los Rebeldes y luego a un grupo de choferes para que cometieran los asesinatos con los que él demostraría su inocencia”.

El apodado “El Egipcio” o “El Chacal de Juárez” siempre alegó su inocencia hasta su muerte ocurrida el 2 de junio de 2006 a los 59 años de un infarto al miocardio en la cárcel de Aquiles Serdán en la que se hallaba prisionero. En declaraciones para el diario La Jornada durante su encierro expuso: “Los policías judiciales me involucraron y robaron todas mis pertenencias: libros, documentación de 13 patentes, pasaporte e identificaciones para involucrarme en un homicidio”. 

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Lo cierto es que las piezas nunca encajaron del todo entre los antecedentes y la vida de “El Egipcio” con la investigación de los feminicidios de Ciudad Juárez, sumidos en gran parte en la corrupción, la mentira, la indiferencia y la ineficacia de un sistema judicial que, hasta la fecha, no es capaz de frenar los homicidios contra mujeres en otras partes del país como el Estado de México, cuna de horribles historias como la del Monstruo de Ecatepec. 

“Las muertas de Juárez” (que se cuentan por miles, según las estadísticas más agresivas) es uno de los muchos casos de asesinatos contra mujeres que se dan a lo largo y ancho de la geografía mexicana, una situación que parece desbordar la capacidad de la justicia para encontrar una solución a un problema que ha puesto al país incluso bajo la mirada internacional. 

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Tras la muerte de Abdel Latif Sharif los homicidios en Juárez y el resto de México continúan: violencia doméstica, explotación sexual y otros motivos son las causas de que la ola de feminicidios continúe. Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto que acaba de culminar, el país quedó en una alarmante cifra de asesinatos contra mujeres que claramente no fueron perpetrados por una sola persona, sino por el odio e intolerancia de un sistema de delincuencia que impera incluso en los propios hogares y que parece no tener fin. 

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