40 años de London Calling

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Estos 19 temas que ocupan 65 minutos son una de las obras cumbres del punk y desbordan ampliamente los precarios límites del género, que más allá de su génesis que incluso se extiende a Sudamérica, fue moldeado a ambos lados del Atlántico Norte, a mediados de los años 70.

El sábado 14 se cumplen 40 años de la publicación de London Calling, el tercer disco de estudio de The Clash, con el tiempo devenido en uno de los grandes clásicos de la historia ya no solo del punk, sino del rock todo. Y como la ocasión lo amerita, el aniversario se celebra con el relanzamiento de la obra, con sonido actualizado y en todos los formatos.

Con los años, London Calling emergió como una obra maestra del rock, no solo por la calidad y poder poético y político de sus grandes canciones como London Calling, Spanish Bombs y Train in Vain, sino por el eclecticismo de su propuesta, audible en temazos como Revolution Rock y The Guns of Brixton, que incorporaron la festiva influencia jamaiquina del reggae, o Brand New Cadillac, que hizo lo propio con el rockabilly de los años 50, o Jimmy Jazz con el género aludido en su título.

Cada canción del disco representa un género diferente, algo que muy pocos que no se llamen The Beatles han logrado. Por eso este álbum puso a The Clash en la órbita mayor del rock and roll. Hay soul cargado de bronces (The Right Profile), hay música disco cien por cien bailable (Train in Vain, Hateful), y disco en plan melódico y melancólico (Lost In The Supermarket), hay ska (Wrong ‘Em Boyo), hay punk clásico hecho de guitarras bien afiladas (Clampdown, Death or Glory). Y aflora una nítida veta pop en Lover’s Rock, antes de que estallen esas bombas de musicalidad llamadas The Card Cheat y Four Horsemen, con ese piano bien a lo McCartney que denota la poderosa impronta beatle de Joe Strummer y compañía.

Desde el sábado 14 esta nueva versión está en las plataformas, y en cuatro ediciones físicas. En CD, con un libro de 120 páginas con fotos inéditas, manuscritos originales y toda la memorabilia posible; en doble CD, réplica de la edición original en vinilo; en casete (sí, el casete vive y lucha y tiene su legión de defensores que aman ese sonido precario y asordinado); y en doble vinilo de 180 gramos, ideal para quien quiera bien grande la mítica foto del bajista Paul Simonon destrozando su bajo. Todo un ícono del rock, mil veces imitada.

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